EL KARAKU DE LA DIVISIÓN

RENACER Nº 2 (junio 2006) Carta del Asesor

“EL KARAKU DE LA DIVISIÓN”

A fines del año pasado, escribí en la revista “DE COLORES” de la Zonal 1 de Asunción una editorial sobre el tema de la división en el MCC. Algunos dirigentes me pidieron que fuera más explicito sobre el tema. Entiendo que a nosotros en el Paraguay, no nos haya llegado lo que es problema para otras partes del mundo. Y ¿por qué razón?. Sencillamente porque a nosotros “la cristiana Venezuela ya nos trajo la semilla”; no nos trajeron los mallorquines ni los entusiastas de Bonnín.

En las dos oportunidades que trabajamos para elaborar las dos ediciones de Ideas Fundamentales lo hicimos sin tener en cuenta, ni darle mayor importancia, al hecho de que los mallorquines se habían apartado del Secretariado Nacional de España porque no comulgaban con el enfoque del libro. Y esto, no por capricho, sino porque –según ellos- el MCC había sido desviado de su carisma inicial por influjo de algunos sacerdotes bien intencionados, pero que marcaron el Movimiento con su preocupación evangelizadora.

El propio Eduardo ha culpado al P. Cesáreo Gil varias veces de ese cambio de enfoque. Recordemos que el P. Gil fue el Asesor Espiritual del 1er. Cursillo de Cursillos en Asunción. Eduardo insiste continuamente en que Cristo vino para cambiar al hombre; no al mundo, y culpa a “algunos sacerdotes” a quienes les importa, sobre todo, cambiar al mundo. Creo que casi todos estamos de acuerdo que no cambiaremos el mundo, si no cambia primero la persona… Entonces, ¿dónde está la diferencia?

En América Latina, a partir sobre todo de la Conferencia Episcopal de Medellín, nos llamó profundamente la atención que, después de décadas de historia trabajando pastoralmente con las personas, nos encontrábamos con sociedades organizadas en base a valores que contradecían totalmente el mensaje evangélico que habíamos predicado. Cuando apareció más tarde la Evangelli Nuntiandi de Pablo VI, caímos en la cuenta que no basta con trabajar de persona a persona; hay que transformar los ambientes; de lo contrario la persona va a ser tragada por la sociedad anti-cristiana.

Muchos dirigentes del Paraguay recordarán el dilema de Carlos Mántica que proponemos en Cursillo de Cursillos: qué es primero el huevo o la gallina? Por dónde comenzamos; por la persona o por el ambiente? A mí me duele cuando en el extranjero, escucho a algunos dirigentes de países tan corruptos o más que el nuestro decir que a nosotros no nos corresponde cambiar al mundo, sino al hombre, y ése ya irá cambiando al mundo. Entonces ¿a quién corresponde cambiar al mundo? Entiendo que corresponde a todo cristiano, sea laico, sacerdote o religioso.

A mí esa postura me suena a “comodismo“; pero a otros les parece lo correcto y, además, muy de acuerdo con el carisma fundacional del MCC. ¿Se entiende un poco mejor en donde está el karakú de la división?

Ramón Juste, sj.

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