Apóstol de Cristo

Esta pregunta rondaba en mi mente cuando hice mi cursillo. A pesar de haber escuchado el domingo que Jesús me llamó para que fuera apóstol, no comprendía qué quería decir con esto. Con el paso de los años, he vivido lo que es ser apóstol. Cada día que pasa siento la responsabilidad de compartir con otros la alegría de haber conocido a Cristo y cómo nuestro encuentro cambió mi vida.

Durante aquel fin de semana del mes de mayo, compartía con unas mujeres que estaban hambrientas del amor del Padre. Mujeres que llegaron a la “Casa San Clemente” y se empaparon de aguas buenas porque dieron un “SÍ” y se comprometieron.

En ese cursillo, compartía con una hermana que me hablaba de cómo su médico le decía que no sólo se trataba de buscar ayuda para el cuerpo y la mente sino para su espíritu. Allí estaba ella, deseosa de encontrar la paz y amor del Hermano Mayor, que se reflejaba en los hermanos de su comunidad. Una vida solitaria se transformaba en una vida que encontró hermanos y hermanas dispuestos a ayudarla, pero sobre todo, el amor de un Dios que la esperaba.

Somos muchos los que hemos vivido la experiencia de conocer a Cristo en el Movimiento de Cursillos de Cristiandad, pero el gran reto es extender su presencia en la comunidad a lo largo del Cuarto Día. Si en la Casa “San Clemente” recibimos continuamente hermanos hambrientos del amor de Dios, traducido en la solidaridad del que escucha, en la bondad del que sirve, en el abrazo del que consuela, en la sonrisa del que anima…, del mismo modo, hay un mundo familiar, laboral, comunitario, esperando que cada uno de nosotros le escuche, le sirva, le consuele y le sonría, en nombre de Cristo.

Y de eso se trata el apostolado, esa gran palabra de origen griego “apóstolos”, que quiere decir enviado. Somos enviados del Señor, la Palabra lo dice y nosotros la hemos escuchado mil veces: “Para que vayáis y deis fruto y vuestro fruto permanezca”. El fruto se obtiene al sembrar la semilla adecuada en el terreno preciso. Cuando decimos que Jesús nos capacita estamos diciendo que nos suple de toda clase de semilla buena, para que vayamos a sembrarla en el terreno en que nos encontramos inmersos.

El apostolado es consustancial a nuestra naturaleza de bautizados. Ya Cristo nos envió, y para llevar a cabo nuestra misión de apóstoles no necesitamos que nos lo ordenen dos veces. Lo que necesitamos es vivir en sintonía con Aquél que nos suple las semillas.

Lo demás es cuestión de imitar la sensibilidad de María, que pudo darse cuenta de qué carecían los novios en Cana… y la humildad de Pedro, cuando dijo: “No tengo oro ni plata, mas lo que tengo te doy, EN NOMBRE DE JESÚS DE NAZARET, levántate, párate y anda”. Ser apóstol es sembrar.

DE COLORES

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Categorías: Cursillistas, Cursillos de Cristiandad, De Colores | Etiquetas: , , | 1 comentario

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Un pensamiento en “Apóstol de Cristo

  1. David Orlando Carneiro

    esta bueno que comente sobre MCC

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